Fugas enterradas: el problema caro de la vivienda con parcela
En una vivienda unifamiliar, la fuga que arruina el mes no suele estar en el baño: está en la acometida enterrada, en el ramal que va al garaje o en la red de riego. No se ve, no mancha ninguna pared y a menudo el primer aviso es la factura del agua o una zona del jardín que está siempre encharcada.
Aquí la detección se paga sola. Con geófono localizamos el trazado y el punto de salida, y si el terreno lo dificulta usamos gas trazador. Abrir una cata de medio metro en el sitio correcto frente a levantar veinte metros de camino de acceso es literalmente la diferencia entre unos cientos de euros y varios miles.
La altura de Aiete y la presión de red
Aiete está claramente por encima del centro de la ciudad y en las cotas más altas la presión de red flojea, sobre todo en horas de mayor consumo. En unifamiliares, la solución suele ser un grupo de presión con depósito propio bien dimensionado; en bloques, un grupo comunitario.
Antes de vender equipo medimos: presión en distintas horas y en distintos puntos de la vivienda. A veces el problema no es de red sino de una tubería vieja que se ha cerrado por dentro, y entonces poner un grupo de presión es tirar el dinero.
Heladas y tuberías a la intemperie
En las cotas altas del barrio, las heladas de enero y febrero son más frecuentes que en el centro. Los puntos que fallan son siempre los mismos: grifos de jardín, tuberías vistas en garajes sin calefactar, tomas de riego y contadores en armarios exteriores mal aislados.
Aislar esos tramos y vaciar el circuito de riego antes del invierno cuesta muy poco y evita la rotura clásica del primer día de deshielo, que además nunca se detecta de inmediato porque el agua se va al terreno.