Un casco reconstruido en el XIX sobre trazado antiguo
La Parte Vieja que se ve hoy es en gran medida la reconstrucción posterior al incendio de 1813: manzanas compactas, calles estrechas de trazado antiguo y edificios de vivienda sobre bajos comerciales. Bajo ese conjunto conviven instalaciones de todas las épocas, muchas veces sin planos y con trazados que cruzan de una finca a otra por razones históricas.
Aquí la localización previa de la avería es imprescindible. Picar por intuición en un edificio así casi siempre significa abrir en el sitio equivocado, y la obra de reposición en estos inmuebles no es barata ni rápida.
Hostelería: la grasa y la bajante de todos
En una calle con varios bares por portal, el punto de fallo es siempre el mismo: la grasa de las cocinas. Se enfría, se solidifica en la pared del tubo y va estrechando el paso hasta que la bajante entera se cierra, normalmente un viernes por la noche y afectando a los vecinos de arriba.
Trabajamos con hostelería del barrio en horario de cierre y de madrugada para no coincidir con el servicio, y hacemos limpiezas programadas de bajante y revisión de separadores de grasas. Es un gasto pequeño y periódico que evita el incidente grande y el conflicto vecinal que viene detrás.
Sin aparcar en la puerta, con el material a mano
En la Parte Vieja no se puede parar la furgoneta delante del portal: hay calles peatonales, horarios de carga restringidos y accesos por los que no entra un vehículo. Eso significa subir herramienta y material a pie, y por eso venimos preparados con lo que probablemente haga falta en lugar de bajar tres veces a por piezas.
También significa que nuestro tiempo de llegada aquí es algo mayor que en otros barrios, y te lo decimos de entrada. Preferimos ser realistas con la hora que dar un número bonito por teléfono.