Por qué un cambio de grifo se complica en un piso antiguo
Sobre el papel, cambiar un grifo es desenroscar y enroscar. En la práctica, en una vivienda de Donostia con veinte o treinta años, el problema no es el grifo: son las llaves de escuadra que hay debajo. Están agarrotadas y muchas veces se rompen o quedan goteando al forzarlas, y entonces hay que cortar el agua general del piso para poder sustituirlas.
Lo llevamos previsto: cuando venimos a cambiar un grifo traemos llaves de escuadra y latiguillos nuevos, porque en la mayoría de casos hay que cambiarlos. Es la razón por la que un fontanero termina en una hora lo que a un particular puede costarle una tarde y un charco.
La cisterna que corre: cara y silenciosa
Una cisterna que pierde agua de forma continua puede irse fácilmente por encima de los cien litros al día sin que se oiga apenas. Se ve mirando la taza: si hay un hilo permanente de agua bajando por la porcelana, o una franja de suciedad en el recorrido, está perdiendo.
Casi siempre se arregla cambiando la junta de descarga y el mecanismo de llenado, que son piezas económicas. No hace falta cambiar la cisterna. Y en las cisternas empotradas de las marcas habituales hay repuesto disponible, así que tampoco hay que romper el tabique.
Grifería termostática: para quién compensa de verdad
La termostática mantiene la temperatura fija y lleva un tope de seguridad, normalmente a 38 grados. Compensa mucho en casas con niños pequeños o personas mayores, y en instalaciones donde la temperatura baila cuando alguien abre otro grifo, algo típico de los edificios antiguos con columnas compartidas.
Si vives solo y la temperatura de tu ducha es estable, una monomando de buena calidad te da el mismo servicio por bastante menos dinero. Te lo decimos así: no vendemos termostática por sistema.
Ambiente marino: qué acabados aguantan y cuáles no
En viviendas del Antiguo, Ondarreta, Gros o Pasaia, con brisa marina entrando por la ventana del baño buena parte del año, los acabados en negro mate y en dorado cepillado sufren más de lo que la gente espera: aparecen picaduras y manchas en un par de años, y esos acabados casi nunca tienen recambio.
El cromado clásico y el acero inoxidable aguantan mucho mejor en esa situación. Si te gusta el negro mate te lo instalamos igual, pero te avisamos antes de dónde tiende a fallar para que la decisión sea tuya y con la información encima de la mesa.