Caseríos y vivienda dispersa: depósitos, grupos y heladas
En el valle, fuera del casco, la fontanería cambia de reglas. Muchas viviendas y caseríos funcionan con depósito propio, grupo de presión y tramos de tubería a la intemperie, y en invierno esa combinación pasa factura: heladas que revientan tramos vistos, bombas que se averían por trabajar en seco y presión irregular.
Aislar los tramos expuestos, proteger el grupo y dejar el circuito de riego vaciado antes del invierno es un trabajo de una mañana que evita la rotura de enero, que además siempre se detecta tarde porque el agua se va al terreno.
Casco urbano: comunidades y bajantes
En el casco, el perfil es el habitual de un municipio industrial guipuzcoano: bloques de los sesenta y setenta, comunidades medianas y bajantes originales que empiezan a dar guerra. Atascos que se repiten, humedades en los bajos y radiadores que no calientan bien.
Se resuelve igual que en Errenteria o Intxaurrondo: inspección con cámara antes de decidir, presupuesto redactado para junta y, si toca renovar, ejecución por fases.
El Urumea y las crecidas
Hernani conoce bien las avenidas del Urumea. En bajos, garajes y locales próximos al cauce, instalar válvulas antirretorno en los desagües y elevar cuadros y tomas evita que un episodio de lluvia fuerte se convierta en un desastre.
Son medidas baratas y rápidas que planteamos siempre que intervenimos en una planta baja de la zona. El momento de ponerlas es antes.