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El agua en Donostia

Por qué en Donostia no necesitas descalcificador (y qué sí necesitas)

El agua que abastece Donostia y su comarca viene del embalse de Añarbe y es blanda: contiene muy poca cal. Eso hace que aquí un descalcificador rara vez esté justificado, pero también tiene una consecuencia menos conocida sobre las tuberías metálicas antiguas que conviene entender.

7 min de lecturaPor el equipo de Don Fontanero Donosti
Grifo cromado sin restos de cal, característico de una zona de agua blanda como Donostia

Qué es un agua blanda y por qué la nuestra lo es

La dureza del agua mide cuánto calcio y magnesio lleva disueltos. Un agua dura, como la de buena parte del interior peninsular, deja depósitos blancos en la grifería, en la mampara y dentro de los electrodomésticos. Un agua blanda no lo hace, o casi.

El agua de Donostia y de la comarca procede del embalse de Añarbe, en una cuenca de roca poco caliza, y por eso llega con una dureza baja. Es la razón por la que aquí la mampara no se llena de manchas blancas y por la que el jabón hace tanta espuma comparado con otras ciudades.

La consecuencia buena: menos cal, menos averías de ese tipo

En una ciudad de agua dura, la cal es la primera causa de mortalidad de termos y resistencias. Se deposita sobre el elemento que calienta, reduce el paso del agua, obliga al equipo a trabajar más y acaba rompiéndolo. Aquí ese mecanismo apenas existe.

Por eso decimos abiertamente algo que va contra el interés comercial habitual del sector: en Donostia un descalcificador no está justificado en la práctica totalidad de las viviendas. Es un equipo caro, con mantenimiento y consumo de sal, que aquí resuelve un problema que no tienes. Si alguien te lo ofrece como solución a una avería, pídele que te enseñe primero el análisis de dureza del agua de tu red.

Regla práctica: si tu mampara no se llena de manchas blancas, no tienes un problema de cal. Y si no tienes un problema de cal, no necesitas un descalcificador.

La consecuencia menos conocida: el agua blanda protege menos el metal

En zonas de agua dura, el carbonato acaba formando una película fina en la pared interior del tubo que actúa como capa protectora del metal. Un agua blanda no forma esa película, así que el metal queda más expuesto.

En la práctica esto significa que en Donostia las instalaciones antiguas de hierro galvanizado se pican y se cierran por óxido con relativa facilidad. No fallan de golpe: se van estrechando por dentro durante años, y el síntoma es esa presión que va bajando poco a poco y que la gente atribuye al grifo o a la red.

Cuando se llega a ese punto, cambiar la grifería o instalar un grupo de presión no arregla nada, porque el problema está en el propio tubo. La solución es renovar la instalación, que se puede hacer por fases sin dejar la casa sin agua por la noche.

Entonces, ¿qué sí conviene aquí?

Si en tus radiadores hay problemas, en Donostia el culpable no es la cal: es el lodo. En circuitos de calefacción antiguos, sobre todo los de radiadores de hierro fundido de los sesenta y setenta, se acumula óxido y suciedad que se deposita en el fondo de los radiadores, los deja fríos por abajo y termina obstruyendo el circuito y matando la bomba circuladora.

Lo que aporta valor real aquí es un lavado químico del circuito y un filtro desfangador magnético. Cuesta una fracción de lo que cuesta un descalcificador y sí evita averías reales.

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